546 PP y VOX: El ‘experimento’ en Castilla y León

¿Por qué hacemos este episodio? Porque no se trata solo de Castilla y León. En verano seguramente tendremos elecciones en Andalucía y en 2023 las generales. Si no se tercia alguna antes. 

Tenemos nuevo líder en el PP, Alberto Núñez Feijóo, con aura de moderado, pero un PP que es dependiente de VOX. Así que lo que ha ocurrido, está ocurriendo y ocurra en Castilla y León será como un experimento de lo que iremos viendo en la política española al menos en el próximo año y medio.

Primera clave: la necesidad de gobernar

El reelegido presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, no tenía mucho donde elegir la noche del 13 de febrero, al ver los resultados de las elecciones. 

Había convocado elecciones anticipadas para dejar de gobernar con Ciudadanos y las matemáticas le decían ahora que la mayoría absoluta se le quedaba a 10 escaños, así que tendría que sumar simpatías. La única opción real era VOX. Porque solo ese partido tiene 13 escaños, con lo que sumas directamente la mayoría.

Solo te quedaba la alternativa de pactar con PSOE, algo inviable. Porque sumar con los partidos pequeños no te servía porque no llegas a los 41 diputados necesarios y conseguir la abstención del PP más todos los votos de partidos pequeños, tan diferentes como Ciudadanos y Podemos, se antoja difícil. 

Lo que estaba claro es que no había tampoco alternativa en el otro lado. Es decir: si Mañueco solo tenía a VOX para gobernar, el PSOE no tenía nada con lo que sumar. Bueno sí, VOX, pero vaya.

En estas que VOX sabía perfectamente que su rol era central. Y que sin ellos no habría gobierno. Y deciden dar un paso más allá del que habían dado hasta ahora en pactos en diferentes regiones: querían entrar en el gobierno. Querían protagonismo.

¿Por qué? Se preguntará alguno. Es cierto que el gobierno desgasta. Es mejor estar fuera que dentro porque el desgaste normal de alguien que gobierna también te lo comerás. Pero de cara a 2023, si VOX quiere ser algo más que un partido con presencia, necesita empezar a tomar responsabilidades.

Y si puede ser a costa de hipotecar un poco más la relación del PP con el partido, mucho mejor. Porque, repetimos: no había alternativa. Bueno sí, repetir elecciones. Pero eso es casi siempre una lotería. Ojo que, precisamente, para justificar el pacto entre PP y VOX, el propio Mañueco usó el argumento de que la alternativa eran repetir elecciones. 

Sea como sea, Mañueco repite como presidente de Castilla y León y Juan García-Gallardo se convierte en el primer integrante de VOX que llega a vicepresidente en una comunidad autónoma. Desde el anuncio del pacto entre PP y VOX ya empezamos a escuchar al propio Mañueco pero también otros miembros del Partido Popular dejar de lado conceptos como la violencia de género, en un claro guiño al nuevo socio.

Ojo a otro tema importante relacionado con nombramientos. La presidencia del Parlamento de Castilla y León recae también en VOX. Os hemos contado en alguna ocasión la importancia que tiene la Mesa. En el episodio 43 hablamos de la mesa del Congreso pero sirve para haceros una idea de la importancia.

Por otro lado, VOX tendrá tres consejerías. Pero serán las de Agricultura, Cultura e Industria y Empleo. La primera, Agricultura, porque VOX cree que puede atrapar bien el voto del campo, de esa España Vaciada donde VOX quiere competir y ganar a cualquier partido que se presente precisamente para representar la España Vaciada. La Cultura… mejor revisada por VOX, deben pensar ellos. Por último Industria y Empleo: las cosas de comer como le gusta decir a Estefanía Molina, para demostrar VOX, de nuevo, que puede encargarse de este tipo de cuestiones, que no es un partido outsider solo estridente.

Segunda clave: con quien vas, Alberto

Abandonamos por un momento la realidad más próxima de Castilla y León y hablemos de esta cuestión como el experimento que describimos en el título del episodio. Es el primer pacto de gobierno en coalición entre PP y VOX. Pero ya hace tiempo que PP y VOX se hacen guiñitos. Andalucía, Madrid, Murcia… pero VOX no estaba en el gobierno y los populares, a la hora de hablar en prensa, de ser preguntados por esta cuestión, podían regatear bien cualquier insinuación de alianza con la extrema derecha.

Ahora ya no. El PP ha pactado con VOX. Sí, porque la alternativa era repetir elecciones. Porque, incluso he llegado a escuchar, el PSOE podría haberlo evitado con una abstención o voto a favor en la investidura. Pero, por encima de todo, como decíamos hace un par de minutos, porque el Partido Popular no tenía más aliados.

Hace tiempo, especialmente desde la pandemia, que las encuestas vienen apuntando a caída del PSOE en España, favoreciendo al PP y VOX, que podrían llegar a sumar mayoría absoluta en las próximas generales de 2023.

¿Eso es bueno para el PP?

A ver, claro. Las encuestas les están diciendo que pueden gobernar. Que pueden volver a La Moncloa. Están en un buen momento. Tiene pinta que la elección de Feijóo como presidente y, por consiguiente, el final de la tormenta en el partido, confirmará de alguna manera esa tendencia en las elecciones.

Más allá de si este buen momento aguantará hasta 2023, el otro titular con el que uno se debe quedar de las encuestas es precisamente ese: que el PP debería pactar con VOX si quiere gobernar. ¿Podría pactar con otros partidos? 

Bueno sí, podría llegar a sumar la mayoría absoluta o, como mínimo, superar una coalición de izquierdas llegando a pactos con unos cuantos partidos. Pero: ¿con quién?

He aquí el problema del nuevo viejo PP de Alberto Núñez Feijóo. Que hereda el PP de los últimos dos años, cercano a VOX, con pactos de apoyo en comunidades autónomas y ayuntamientos… y sobre todo un PP que, por ese acercamiento a la extrema derecha, ha ahuyentado a posibles socios del pasado, como PNV, la antigua Convergència ahora PDECat, regionalistas canarios y cántabros…

Y claro, Feijóo se encuentra con unas matemáticas que le dicen que podría llegar a la Moncloa pero una realidad que le pone, como condición, un pacto con VOX. Bueno, no solo uno. Se trata de mantener una buena relación con VOX. Porque claro, tú no puedes ignorar a VOX durante este tiempo, negarte a pactos con la extrema derecha, criticar abiertamente sus declaraciones y propuestas… y luego que lleguen las elecciones generales y les digas ¿me hacéis presidente?

Bueno, quizás depende de la oferta de la coalición de gobierno. Ojo, porque entonces estaríamos hablando ya de la extrema derecha en el gobierno de España. Que levante la mano en comentarios quien no lo vea ni que sea como una posibilidad remota pero real.

Y con estas volvemos a Alberto Núñez Feijóo, alma moderada del Partido Popular. Que es cierto que en Galícia nunca ha necesitado buscar el pacto, menos aún con VOX, pero que tampoco tiene pinta de que le hubiese hecho demasiada gracia.

Pero ya no es cosa suya. Es el presidente de un PP que necesita a VOX. Porque, con todos los respetos y simplificando la cuestión, no tiene a nadie más. Nadie más que le pueda dar lo que VOX le da. Ciudadanos imposible, los regionalistas o huyen de VOX o no suman ni de broma.

Feijóo en su discurso de aceptación del cargo de presidente del PP, en el Congreso que se celebró hace unas semanas, destacaba al PP como partido de Estado, que el estaba ahí para hacer que el PP gobierne, etc. La pregunta es: ¿Lo puede conseguir sin atar su futuro a VOX?

Atar su futuro es modular su vocabulario y propuestas respecto a la violencia de género, la inmigración, el colectivo LGTBI y otras cuestiones. Aquí el PP que busca el centro, la moderación, ser más partido catch-all, arrancar miles de votos… aquí sufre. Y este es el PP que busca Feijóo, porque es casi plan ganador. Son unos votos que con el fantasma de las coaliciones de izquierda le puede quitar al PSOE, que deberá competir por la izquierda precisamente.

Pero no puedes ir a por esos votos moderados sin distanciarte de VOX. ¿Problema? Electoralmente es imposible.

Tercera clave: el plan del PSOE

El gobierno, en especial la parte del PSOE, ve esta situación del PP con sabor agridulce. ¿Por qué? Porque sí, es evidente que es más sencillo para el PSOE atacar cuanto más evidente sea el acercamiento del PP a la extrema derecha, como en el caso de Castilla y León. Pero también es evidente que las encuestas están diciendo que ese pacto, por mucho que luego lo critiques y digas que es lo peor del mundo, podría quitarles el gobierno en 2023. 

¿Cuál es el plan? Intentar meter a Feijóo en las máximas contradicciones posibles. Es decir: aunque suene contraproducente, puede que al PSOE le interese ahora vender que el PP es moderado y ayudarle, vamos a decirlo así, a convertirse de nuevo en ese partido de centro que podía aglutinar millones de votantes de centro y centroderecha.

Eso por eso que en los primeros días desde la elección oficial de Feijóo como líder del PP, Pedro Sánchez le ha ofrecido llegar a una serie de acuerdos de Estado. Como en el caso de la renovación de los cargos de Consejo General del Poder Judicial.

Le están poniendo en bandeja ser ese partido de Estado que pacta con el gobierno para que España pueda avanzar. Ser de centro. Sacarle de la esfera de VOX. Pero sobre todo crearle contradicciones. Porque está claro que si el PP pacta con el gobierno lo que sea, VOX atacará con declaraciones, con amenazas de pactos rotos o futuros pactos que no llegarían, etc.

En ese congreso de Sevilla donde fue escogido presidente del partido, Feijóo dijo que está dispuesto a llegar a pactos de Estado con Pedro Sánchez en temas que sean importantes para España. Así que aquí va a estar una de las claves: ¿cómo de efectivo será el gobierno y en qué cederá para tener al PP firmando esos pactos?

¿Qué coste tendrán esos pactos para el PP en forma de reticencias de VOX?

Y lo más difícil: ¿Qué PP nos espera en los próximos meses? ¿Cómo piensa gobernar allá donde hayan elecciones?

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Aida Deturck

Periodista.

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